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En esta serie:
Cómo sobrellevar los trastornos de la próstata
Síntomas de la hiperplasia prostática benigna
Tratamientos para la hiperplasia prostática benigna
Preguntas que tal vez desee hacer a su médico antes de la operación

Cómo sobrellevar los trastornos de la próstata

“A los 54 años comencé a orinar con frecuencia, a veces hasta cada media hora. De modo que visité a un médico, y entonces me enteré de que tenía que extirparme la próstata.” Historias como esta se oyen a menudo en las consultas de los especialistas de todo el mundo. ¿Qué medidas pueden adoptar los varones para prevenir tales trastornos? ¿Cuándo deberían acudir a un facultativo?

LA PRÓSTATA es un órgano con forma de castaña situado alrededor de la uretra, bajo la vejiga (véase la ilustración de la pelvis masculina). En el adulto promedio pesa 20 gramos y mide, como máximo, cuatro centímetros de anchura, tres de altura y dos de profundidad. La secreción que elabora constituye alrededor del treinta por ciento del volumen del semen; contiene ácido cítrico, calcio y enzimas, y probablemente favorece la motilidad (facultad de moverse) del esperma, así como la fertilidad. Además, aporta cinc, que, según se cree, protege contra las infecciones del tracto genital.

Cómo identificar las afecciones de la próstata

Existen varios indicios del aumento de tamaño de esta glándula y de la formación de tumores. La prostatitis (inflamación de la próstata) se caracteriza por fiebre, molestias al orinar y dolor en la parte baja del abdomen. Si la dilatación es notable, quizá impida la expulsión de la orina. Cuando la producen bacterias, se denomina prostatitis bacteriana (aguda o crónica), y suele estar relacionada con infecciones del tracto urinario. Sin embargo, en muchos casos, la causa no está determinada, por lo que la afección recibe el nombre de prostatitis no bacteriana.

Los signos más comunes que suelen relacionarse con la hiperplasia prostática benigna (crecimiento no canceroso de la próstata) son los siguientes: mayor frecuencia en la micción durante el día, necesidad de levantarse por la noche para orinar, disminución progresiva del chorro y la sensación de que todavía queda líquido en la vejiga. La alteración puede aparecer en los mayores de 40 años, y su incidencia va incrementándose con la edad. A los 55 años afecta al 25% de los varones, porcentaje que se duplica a los 75.

La próstata también puede verse afectada por tumores malignos, los cuales se descubren, en general, durante un examen de rutina, aun cuando no haya síntomas. Ciertos cuadros clínicos más graves presentan retención urinaria con agrandamiento de la vejiga. Cuando el cáncer se extiende a otros órganos, produce dolor de espalda y problemas neurológicos, así como hinchazón en las piernas debido a la obstrucción del sistema linfático. Tan solo en Estados Unidos se informaron 300.000 nuevos casos de cáncer de próstata y 41.000 defunciones por su causa durante uno de los últimos años. Se calcula que padecerán esta dolencia el 30% de los hombres de entre 60 y 69 años, y el 67% de entre 80 y 89.

¿Quiénes son más propensos?


La alimentación sana y el ejercicio moderado pueden disminuir el riesgo de cáncer de próstata

Según los estudios, la probabilidad de sufrir cáncer de próstata aumenta a partir de los 50 años. En la comunidad negra estadounidense, la proporción es dos veces mayor que en la blanca. El índice de afectados varía de país en país —alto en Norteamérica y Europa, intermedio en Sudamérica y bajo en Asia—, lo que indica que las diferencias dietéticas y ambientales quizá desempeñen un papel importante en la aparición de este tipo de cáncer. Por lo tanto, la posibilidad de padecerlo se eleva en el caso de los varones que emigran a naciones con mayor incidencia.

Si hay antecedentes familiares, aumenta la predisposición. “El hecho de que el padre o un hermano tenga cáncer de próstata duplica el riesgo de sufrirlo”, afirma la American Cancer Society. La edad, la raza, la nacionalidad, el historial familiar, la alimentación y el sedentarismo son algunos factores a tener en cuenta. Crece la propensión cuando la dieta es abundante en grasas y se lleva una vida sedentaria.

Medidas preventivas

Pese a que todavía no se conoce con exactitud la causa del cáncer de próstata, se cree que están implicados aspectos genéticos y hormonales. Afortunadamente, existen dos factores de riesgo controlables: la nutrición y la actividad física. “Reduzca la ingestión de productos con alto contenido en grasas animales y aliméntese sobre todo de vegetales”, recomienda la citada institución. Y añade: “[Consuma] como mínimo cinco raciones de frutas y hortalizas al día”, además de pan, pasta, cereales (incluido el arroz) y habichuelas. Los tomates, pomelos y sandías son ricos en licopeno, antioxidante que resguarda el ADN y al parecer reduce el riesgo de cáncer de próstata. Ciertas hierbas y minerales también pueden ser útiles, según algunos especialistas.

La American Cancer Society y la American Urological Association sostienen que los exámenes médicos preventivos salvan vidas. El éxito del tratamiento se ve favorecido por la detección precoz de la enfermedad. La primera de las entidades mencionadas recomienda que se sometan a un reconocimiento anual los varones mayores de 50 años (quienes pertenecen a grupos de alto riesgo deberán hacerlo a partir de los 45).*


Región pélvica masculina:
1. Vejiga
2. Próstata
3. Recto
4. Uretra
 


Diagram
Región pélvica masculina

Un buen reconocimiento incluye la determinación del antígeno prostático específico en la sangre (proteína producida en la próstata, cuyo nivel aumenta en caso de alteraciones). “Si el resultado del análisis es anormal, pida a su médico que le indique hasta qué grado es propenso al cáncer y si necesita someterse a más pruebas”, aconseja la American Cancer Society. El examen médico también comprende el tacto rectal, con el que se determina cualquier deformación de la próstata, ya que esta glándula está localizada en la parte frontal del recto (véase la ilustración de la pelvis masculina). “Cuando el análisis del antígeno y la palpación denotan alguna anormalidad”, la ecografía transrectal (prueba que dura unos veinte minutos) resulta muy útil para decidir si es aconsejable una biopsia.

Además de descubrir el cáncer de próstata, un estudio anual de las vías urinarias tal vez revele hiperplasia prostática benigna —de la que hablamos anteriormente— en sus fases iniciales, lo que permitirá aplicar un tratamiento menos agresivo (véase el recuadro “Tratamientos para la hiperplasia prostática benigna”). La limpieza moral nos protege de las enfermedades venéreas, que pueden causar prostatitis.

Es obvio, pues, que la próstata merece nuestro cuidado y atención. El señor al que nos referimos al principio contó que se había recuperado por completo de la operación. En su opinión, “todo hombre debería someterse a un reconocimiento médico preventivo cada año”, aunque no tenga síntomas.


* Si tiene la edad indicada, le invitamos a leer el recuadro “Síntomas de la hiperplasia prostática benigna”.

 
       
Publicado en ¡Despertad!  del 8 de diciembre de 2000
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